miércoles, 25 de octubre de 2017

Temer y correr

Esta aterrorizada.

Comenzó como enervante emoción por algo nuevo y desconocido, una leve desconfianza, con un toque inocente de temor ante la simple sensación de no estar en control: por primera vez se hallaba desnuda, total y absolutamente vulnerable, sin armas o armadura, sin juegos tontos ni pretensiones.
No sabia como había llegado hasta ese punto, sólo pasó. Ni lo buscó, ni se lo imaginó.

Vértigo.
La sensación de estar ante una gran caída, esa maldita sensación de poder caer en cualquier momento, aunque tus manos toquen la solida barrera que te separa del abismo y te mantiene a salvo.
Un miedo tan irracional, tan estúpido como el que se había ido apoderando de ella muy lenta y silenciosamente.
Comenzó como poca cosa, pero no se había dado cuenta que se extendía como un cáncer, devorando con exasperante tranquilidad toda paz y equilibrio interior. Y a medida que el miedo carcome su ser: un frío indescriptible se va colando en mínimas dosis, pero suficiente para hacerle temblar cada vez un poco más...y más.

No sabe como evitarlo. No sabe como detenerlo, pero acabará con todo, piensa en ello y se siente tan sola, tratando de acabar desesperadamente contra esa enfermedad que solo sabe avanzar y gangrenarlo todo.
La única solución podría ser cortando la raíz, mutilando la causa, ya que nadie más parecía querer, poder o saber ayudarle...

Después de todo no era culpa de nadie mas que de ella. Solo quedaba seguir luchando tan cruenta batalla interior, y esperar seguir teniendo la suficiente fuerza para ganar.

No podía ser amor, este ni siquiera podría existir cuando el miedo y la indiferencia se mezclan con niveles de inmadurez, es suficiente para salir corriendo al abismo ella misma...

Y es que para correr, era jodidamente buena.

lunes, 14 de agosto de 2017

Madrugada

No sé qué pasa después de media noche, cuando las olas de la razón se apaciguan y aparecen remolinos de recuerdos y melancolía.
No entiendo lo que sucede de madrugada, es el contrapunto de las emociones, los corazones se ablandan y los telones resbalan.
Es a la luz de la luna, cuando todo yace en silencio y la oscuridad acecha, donde brillamos con mayor intensidad, es algo natural y mágico, pero también peligroso.

Preferimos dormir, fingir que nada pasa y escapar de tentaciones, voltear la vista y evitar el propio reflejo de la mirada en ojos ajenos.

Si Morfeo no te visita puedes intentar leer, y de ser valiente, atreverte a crear versos o dulces melodias; los desvarios lunares a menudo se convierten en brillantes inventos y obras maestras.

Si consigues compañia de madrugada no hables de ti, habla de la noche, tal vez de musica o sobre la vida, pero nunca de ti, podrias quedar tan expuesto que te sentiras desnudo, corres el riesgo de enamorarte más que nunca, o enamorar almas incautas, incluso ambas.
Por eso nos apagamos, por eso decidimos mejor dormir y así brillar solo en sueños, donde no se corren riesgos, donde nos desnudamos sin pena ni prejuicios, en verdadera libertad.

No se que tiene la noche bien entrada, que respiro como nunca y me da ansiedad, profundo temor y enorme placer, especialmente cuando es contigo, si: compartir la madrugada contigo es tan peligroso, tres veces mas aterrador, tres veces más inspirador, tres veces más liberador.

jueves, 30 de marzo de 2017

Y a volar


El problema de volar es que implica dejar algo atrás, o bien saber que hay que aterrizar en algún momento. El problema de volar es que te da el momento ideal para soñar o bien para llorar, especialmente los vuelos nocturnos que resultan tan lúgubres, la oscuridad te envuelve junto con el frío que intensifica a mayor altura.
Hay que volar entonces en alturas moderadas, no tan bajo como para que los pies de concreto o barro empedernidos puedan asirte y bajarte a su antojo, no tan alto como para olvidar la calidez de la tierra o bien perder de vista tus raíces. Vuela a tu propia velocidad, no es una carrera, el mundo igual seguira rotando y vas a llegar a tu destino.
No pierdas de vista a quienes amas y te aman, es posible que vuelen contigo o sin ti, tampoco olvides a quien va caminando, habrá quien lo disfrute, quien lo odie, quien lo quiera y quien lo necesite, no significa que este mal, es una elección francamente personal, y te aseguro que ambas requieren decisiones, esfuerzos o sacrificios, no te sientas superior por estar en las alturas, no menosprecies a quien decide volar. 

Ahora, tú que estas arriba, disfruta el paisaje, el viento, el momento, no tengas miedo, todo pasa, y esto también pasará.


martes, 12 de abril de 2016

Yo soy...¿o soy yo?

Me despierto,
escucho voces a los lejos y huyo
me persiguen policías
uno de ellos se me hace conocido
pero soy muy ágil y me escabullo entre techos, callejones y patios traseros,
al final me atrapan, me llevan a una cárcel,
se me acusa de haber matado a muchos niños y a una mujer.
me doy cuenta que soy hombre ¿siempre fuí hombre?,
yo soy Gabriela, no soy un hombre y mucho menos un asesino ¿no?
El policía que se me hizo conocido, es mi amigo, el me conoce y si le explico entenderá que soy Gabriela y me ayudara.
Lo intento convencer, no funciona, en cambio se me abalanza a golpes fúricos mientras me dice a gritos que maté a Gabriela...¡pero es que yo...yo soy Gabriela!

sábado, 29 de noviembre de 2014

El águila y el albatros

Ven.
El infierno acecha en cada rincón;
Tus manos tiemblan de impaciencia,
Sabes del cántico oculto tras velas
Y de la ceremonia impía de oscuras razones
Que habrá de terminar en el suave sacrificio
De tu sanidad.

Camina.
El águila se torna en presa,
El ave marina ha mutado su cuerpo
En hábil cazadora de nubes de esperanza.
Su voz atronadora, dulce blasfemia;
El beso de sus alas, lujuria y alabanza;
Y en las nubes, frágil desvelo;
El réquiem por tu inocencia
Desvalida.
La galería está siempre abierta:
El truco del espejo, disponible a tus ojos.
¿Quién se oculta?
¿Quién gesticula tan horrísonas muecas?
Ven, que las tinieblas esperan,
Ven aquí

Ven Ya.



Por Alejandro León


Espero algún día regreses a reclamarme que lo haya publicado :)

De verdad lo espero.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Vértigo

Siento que estoy caminando frente a un largo espejo que parece infinito, y que me enseña cosas oscuras, impronunciables. Y en vez de encontrar mis ojos confiados y pacíficos, del otro lado estás tú, caminando envuelto en sombras, como si llamas negras te revistieran a manera de etéreo plumaje, azabache como solo la noche sin luna o estrellas puede serlo.
Cuervo…demasiado listo para tu bien, ¿ha sido mi titilante luz la que te ha atraído a mí? No puede ser la ley de los opuestos. Tal vez sea que percibes la cantidad de oscuridad que se halla detrás de mi pequeña flama, resplandece tan fuerte tratando de no apagarse, y de tan fuerte que brilla se extinguirá rápidamente.
Eres miedo desbordado con la medida exacta de caos, materializado en ojos tristes, todo aquello que no quiero ver o pensar, reflejando continuamente la parte más profunda de mí ser. Pero mis ojos te siguen, ávidos de ver lo que ya saben, y a veces pienso que es solo un mórbido amor por tu macabro e intelectual encanto. Pero entonces mis dedos tantean el frío cristal a medida que camino más aprisa tratando de alcanzarte.
Pareces real y hueles a muerte, es un olor dulzón y cítrico, no se supone que el final tenga un aroma tan fresco y seductor. Es el olor a verdad inminente, el de una realidad limpia, sin pretensiones ni hipocresías, no es como el pútrido aroma de una planta carnívora. Y aquí estoy de nuevo tratando de razonar, pretendiendo armar un rompecabezas vacío, y entonces entiendo que se necesita más que eso para caminar junto a tal oscuridad.
Locura es lo que me habita, es tener la oscuridad a mi alrededor, consciente de que puede engullirme. Pero no lo hará, en cambio merodea sin tocarme, abrazando mi aura con toda su pesada y fría grandeza. Es suficiente para no morir, pero si para pudrirme en demencia. En cambio te veo a ti, cobijado y flotando (a veces danzando) entre tan espesas tinieblas, y vislumbro una simetría de muerte e insanidad. Suena como un plan.
Demencia crónica, locura permanente o insanidad temporal, no importa ya en realidad, porque si me detengo frente al espejo puedo ver mi luz convirtiéndose en penumbra de forma gradual. Y cómo un imán permanezco ahí observando como la negrura se cierne a mi órbita. Pero antes de fundirme a ella sigo caminando y te veo hacer lo mismo, por momentos me parece que te arrastras, luego miro más cerca y encuentro tu sonrisa secreta en los labios, entonces me siento sonreír contigo de forma inexplicable.
Que sensación tan curiosa, creo entender que eres vértigo, no eres miedo a caer, eres ese terror íntimo, tan mío a desear caer. Ni la barrera más efectiva ante un enorme precipicio puede evitar que sienta ese brutal magnetismo impulsivo de querer saltar.

Y si te rompes en mil pedazos, como el frágil espejo que eres, no quedará nada entre mi llama y aquella oscuridad que te amó. Entonces entiendo que también me amaría incondicionalmente y yo la amaría en tu lugar, así que me estremezco y camino atraída a tu pesada estela, solo puedo intuir lo que hay a tus pies, tal vez sea el bajo y oscuro borde de la vida. Me obligo a recordar que ya has muerto más de una vez, pero me inquieta no saber si volverás de nuevo para compartir tu sonrisa secreta conmigo.

lunes, 25 de agosto de 2014

Sentencia

Era una muñeca en sus brazos, una tan rota y delicada como bella y siniestra. En adoración silenciosa le miraba manejarla, manipularla, desnudarla a su antojo, develando sus secretos con insultante facilidad, sobre todo la forma en que leía en su alma aquellos pensamientos grabados a fuego y sal sobre su endeble voluntad.
Pero no había más que decir o hacer, él se había convertido en su único aliento, se aferraba a su ser tan fuerte como su perversa debilidad le permitía, ansiando y buscando el calor de sus llamas como polilla de alas dañadas, tan deslumbrada y perdida estaba que apenas si notaba la manera en que las flamas de su amor mendigado la consumían, reduciéndola poco a poco a cenizas, a nada. No importaba en realidad, siempre se había sentido nada desde adentro hacia afuera, y ahora su existencia se había vuelto tan etérea que le era imposible mirar su propio reflejo.

Y él le daba lo que necesitaba, y ella lo quería hasta la médula, amaba su oscuridad, adoraba su abrazo protector, su mirada profunda y juiciosa, su intoxicante aroma, aquella dulce y peligrosa labia que coronaba su aguda inteligencia, su estúpida y desabrida honestidad, su desconcertante forma de adorarla, su terrible vena de manipulador, su actitud de jugador experto, la forma en que la tranquilizaba, o la manera en que la agitaba aún sin quererlo. La verdad es que podía tanto enfriarla como calentarla de un segundo a otro. Y ahí estaba él: jugando como un niño con el termostato que ella buscaba tan desesperadamente mantener en rojo, y aun cuando la arrastraba al punto de congelación, ahí estaba ella de nuevo pendiendo de un hilo, sabiendo que un grado menos significaría la muerte; pero él nunca le permitía tocar fondo y en cambio la elevaba de nuevo en un súbito vuelo, digno de un águila. Y cuando se acostumbraba a la seguridad de sus alas nuevamente la dejaba caer de forma lenta y cada vez más profunda.

Sabía que algún día ya no regresaría desde las alturas por ella, algún día le dejaría a su suerte, para alcanzar por fin el fondo de su miseria, y asi terminar de romperse, solo entonces sería el fin; y era precisamente aquel pensamiento el que le consumía viva cada eterna y fría noche, cada mañana de luz mortecina. Envolviéndola cada vez en una manta de tibia ansiedad que la mantenía siempre al borde, como un hilillo de esperanza resbalando entre sus dedos a medida que caía de nuevo. Siempre era lo suficientemente fuerte como para aferrarse, y a la vez demasiado débil como para dejarlo ir. No era dueña de si, y quien sabe si volvería a serlo algún día, la única prueba de vida existía solo en su mente, pero se trataba solamente un susurro, una oración íntima que se proyectaba desde el fondo de su ser, formando un interminable eco y haciendo mella en su alma: “Dame una sentencia: dame muerte o dame vida. Pero dámela ya”



sábado, 14 de diciembre de 2013

A la caída

Al levantarse el día sabes que antes la noche cayó,
luego el sol lentamente caerá y una paciente luna se alzará.
Y asi es la vida que sigue, despreocupada y sencilla,
fluye al vivir y fluye al morir, fluye aunque no quieras
ignorala, atesórala, de cualquier manera no depende de ti,
es esquiva entre el tiempo aunque intentes detenerla.
A la puesta de sol, a plena mañana, en invierno o en primavera,
puedes caer en cualquier momento, un paso en falso  o un obstáculo.
Y no importa que tan lejos o que tan cerca puedas estar,
tú caes y caes incluso cuesta arriba, porque aún es posible caer así,
tal vez fuiste tu el que cayó pensando en sueños lejanos,
victorias inmerecidas o metas anticipadas,
no importa si el viento sopló o la tierra tembló, eres tú el que cayó.
Y es a la caída cuando te das cuenta de lo que dejas pasar,
es a la caída cuando el suspiro se convierte en brisa.
A la caída me encontraras de nuevo con una sonrisa y la mano extendida

martes, 10 de diciembre de 2013

Esta vida no es mía

A veces llega a mí una inquietante certeza,
de esas que surgen después de una tormenta
y es que soy y me transformo en tan solo un parpadeo
pues todo cambia cada vez que marcho de nuevo,
caer y levantarse, dormir y despertar, decidir o esperar,
estás conmigo o en mi contra, nada de eso importa en realidad.
Y escucha bien la verdad que puede sonar tonta o dramática,
pero esta vida que tengo no es realmente mía ni es para mí.
Así es como tengo lo que quiero y no lo que necesito,
o tal vez tenga lo que debo y no lo que anhelo,
no hay diferencia cuando mi meta es ser guía de almas perdidas,
mártir de injusticias, sacrificio de salvación hasta el final de mis días.
Recuerdalo entonces, esta vida no es mía, nunca lo ha sido
esta vida no es para mí y nunca lo fué, la verdad es que tu no eres para mí,

pero eso no significa que no sea tuya, o al menos para ti.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Soy y eres

Quiebra mi cuerpo y me multiplicaré
Rompe mi velo y libera mi ser,
soy pequeña y soy todo,
soy todo y soy nada.

Tu reflejo, tu opuesto y tu hermana.

miércoles, 17 de julio de 2013

La separación de los amantes

No podía detenerse, sentía un vacío inmenso que no parecía querer llenarse sin importar lo que hiciera. Y ahora, desde los más sencillos momentos de la vida hasta aquellos placeres divinos que todo ser vivo ansía tener fueron desprendidos de su usual magia sanadora y satisfactoria.
Y es que el caprichoso mar no quiso borrar sus huellas convertidas en cristal al contacto con su piel ardiente, así que tuvo que enterrarlas ella misma, pero eso no aliviaba su intenso malestar pues ahora era peor, ya que también dolía saber que aquellos rastros aún estaban allí latiendo en la oscuridad bajo la realidad que la condenaba.
Asi, lentamente escociendo entre heridas que no se atrevía a mirar, supurando sueños que no querían morir, queriendo salir a la superficie una vez más para brillar, llamándola a seguirlas hasta su origen, un imposible, un dulce tormento, un maldito sueño.
"Tal vez si lo ignoro...desapareceran"

Y él necesitaba sentir su calor, aquel brillo de vida que rebosaba desde su vientre, sus pechos, sus ojos, y cada vez que se acercaba podía sentir su propia vitalidad siendo arrebatada lentamente, pero eso no importaba, la vida ya no era suya desde que la vió, su aliento era de aquella mujer de fuego, y es que ya no le importaba perderse para siempre en su resplandor.

Ella ansiaba la hermosa paz y franca armonía que encontraba solamente en su sólida y fresca faz, él mediaba su indómita pasión y templaba su veleidoso carácter, pero a pesar de desearlo, le aterraba su deliciosa cercanía, sentía que su fuego ardía con tan desmedida intensidad que acabaría por extinguirlo a él, ¿Cómo podría entonces recibirlo en sus brazos o aterrizar en los suyos sin más para destruir aquello que tanto amaba?.

Debían entonces amarse con los ojos, amarse con gestos, amarse con sonidos, amarse con pensamientos, amarse en silencio, a la distancia, a veces en susurros. Era la separación de los amantes. No era una separación por falta o cese de amor, era una separación en nombre de un amor profundo a la vida y su belleza, al amor transparente entre dos seres que se aman y se alejan de egoísmos y cobardías. No habrá decisión ni acto más difícil y puro, es una profunda brecha que se abre para nunca cerrar, pero un amor que al fin y al cabo no se extinguira.




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Inspirado en un libro que me recomendaron, precisamente se llama "La separación de los amantes", es hermosa y sin ser historia o cuento, sino análisis psicológico y social habla de la separación de los que se aman, sin perder el amor, es triste, pero creo que real.

Y bueno, no está pulida pero creo que algo muy bueno puede salir de ella.

lunes, 27 de agosto de 2012

Nessu Dorma II

Eres adictivo, y me adhiero a tu nombre, palabra y esencia con el alma.
C
onfieso que cuando te abrazaba fuerte buscaba de alguna manera fundirme en ti, al besarte deseaba con toda el alma congelar el tiempo, al dejarme caer al aire para que me atraparas, quería confirmar mi existencia, la tuya al dormirme en tus brazos, cuando corría y reía a tu lado, soñaba que éramos solo tú y yo en el mundo, volando como dos aves en libertad por el infinito cielo azul, un cielo que se entinta en matices suaves.

A
veces ha sido tan fuerte la desesperación, tan difícil la distancia, que alguna vez intente alejarte de mí.
P
ero me das valor, me embriagas y fortaleces al mismo tiempo, tienes ese don, me elevas, me iluminas, me obsequias un pedazo de ti, y entonces regreso a aquellas noches en las que, tendidos uno junto al otro, nuestros pensamientos se enlazaban por medio de nuestra propia música, compuesta de palabras en susurros, deliciosos tactos matizados con caricias y abrazos, y fuertes sentimientos expresados en profundos silencios. Con las estrellas, y el viento de imponente acompañamiento, y el ritmo llevado por dos corazones conquistando el cielo.
Y
así es como nos fundimos, y nos volvemos ligeros, como volutas de humo, azules e índigo, flotando suave y aleatoriamente en este vasto sueño que juntos estamos construyendo.

Y hasta ahora caigo en cuenta de todo esto.

domingo, 24 de junio de 2012

El derecho de morir y el derecho de vivir.

Apuró su café y dió un último mordisco a su torta, había sido lo único que pudo conseguir para comer antes del juicio que debía atender ese día, con un suspiro dejó una buena propina a la mesera que le había atendido, era una mujer de piel casi traslúcida con un parche en su ojo izquierdo mientras el derecho brillaba con un iris de inusual gris pálido, casi blanco.
Al llegar al juzgado se dirigió directamente a su despacho, y echó una última hojeada al informe general del caso. La demanda provenía de una post mortem llamada Nora Torres contra su esposo Francisco Delgado, quien le había administrado la fórmula de “Revivium” sin su permiso.
El famoso juez Victor Pinar chasqueó la lengua con pesar, sentía que pese a sus treinta y seis años de ejercer como magistrado aún no podía acostumbrarse a lidiar con casos que involucraran seres post mortem, popularmente conocidos como zombis o muertos vivientes.

Desvió la mirada hacia la ventana para ver a la gente transitar despreocupadamente, y su mente comenzó a divagar, hacía ya casi trece años que aquel virus negro había azotado a la humanidad, el pánico se adueñó de todos, los muertos comenzaron a caminar entre los vivos, todo era tal y como en las famosas películas y libros de terror.
El origen del virus no fué un misterio, se había tratado de un experimento fallido que se segregó con increíble rapidez, matando a millones de personas. El ejército hizo todo lo posible por contener la situación, exterminando a las víctimas del virus, sin embargo con el tiempo se descubrió que aquellos seres de ultratumba no buscaban lastimar a nadie, sino saciar su hambre voraz que al parecer podía lograrse ingiriendo cualquier cosa comestible, incluso platillos comunes, logrando así controlar su comportamiento violento.
Gracias a eso la gente comenzó a querer conservar a sus seres queridos a pesar de ser zombis de temperamento inestable, los familiares exigían el derecho de mantenerlos a su lado, eran casi como mascotas debido a su conducta primitiva y fácil de condicionar…hasta cierto punto.
Debido a este fenómeno que comenzaba a repetirse por todo el mundo, los científicos e investigadores más renombrados se unieron tratando de buscar un antídoto contra el devastador virus, y gracias a sus esfuerzos se descubrió que aquel mal no era muy diferente de las enfermedades neurodegenerativas que existían hasta la fecha, por lo que comenzaron a capturar muertos vivientes para experimentar con ellos.
Después de doce años se logró hacer un importante descubrimiento, algo que cambiaria el rumbo de la humanidad para siempre. Se trataba de una cura conocida como “renewal beta”, un trabajo muy avanzado que involucraba a las células madre y al mismo virus causante de la enfermedad.
Por medio de esta milagrosa cura el infectado recuperaba una parte importante de su actividad neurológica, que en la mayoría de los casos involucraba el habla o la memoria. En otros, el sujeto desarrollaba habilidades que nunca había poseído en vida. El problema entonces, era que nunca se sabía que parte del cerebro se regeneraría, era una cuestión de azar.
Con el paso de los años, la cura se mejoró y los infectados ya eran capaces de recuperar de uno a cinco procesos cerebrales importantes; incluso existían casos aislados de muertos vivientes que recuperaban casi todas, al punto de poder vivir en forma plena otra vez. Y ahora el problema era el desgaste físico acelerado que resultaba muy difícil de controlar, además de que la presencia de estos seres causaba incomodidad e inseguridad en una parte importante de la población.
Incluso los zombis rehabilitados sufrían de una fuerte discriminación y rechazo por parte de la sociedad, muchos comenzaban a ser abandonados por sus familiares y vagaban tratando de conseguir empleo, comida y cobijo.

Pero esta situación cambió gracias a Rocío Uriel, la primera muerta viviente que logró terminar una carrera universitaria, y que peleó arduamente para que a los zombis se les otorgara derechos como a los demás. Gracias a ella comenzó a usarse el término de post mortem, y en la actualidad poseían los mismos derechos que los vivos.
Por desgracia la cura se suponía que debía ser aplicada solamente a los infectados del virus, pero algunas personas decidieron comerciar con ella y con el virus mismo, vendiendo la idea de una segunda oportunidad de vida para los muertos.
Otro dato curioso es que con el paso de los años se había observado que los casos de asesinatos cometidos por los post mortem eran muy raros, mientras los homicidios eran cada vez más frecuentes por parte de los vivos en general, era un fenómeno que simplemente no podía pasarse por alto, era algo más que “estadísticas”.
El magistrado respiró hondo y echó una mirada a los papeles que descansaban sobre su escritorio: ya era hora, el juicio estaba por comenzar. Se colocó la toga y salió al tribunal donde una mujer exigía justicia por habérsele arrebatado el derecho de morir.

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Y bueno, este ha sido el proyecto para Adictos a la Escritura del mes de Junio llamado "Juntos y revueltos" en el que se repartió al azar dos personajes con los que cada quien debía escribir una historia, y a mi me toco juez y zombi, claro está :), me ha gustado el resultado, y ha sido divertido jeje, aunque debo admitir que lo deje para el último momento así que espero no tener muchas faltas.
Muchas gracias por leer de antemano y sobre todo por comentar, un saludo y un abrazo :)

martes, 10 de abril de 2012

Arena y nieve

Allí donde la arena y la nieve se encuentran en un abrazo,

donde el mar borra huellas y exime las culpas con su blanca espuma,

con aquella brisa marina: fresca, libre y espontánea...

Ahi te encontré y te dejé ir, ahí te tuve y te perdí,

allí enterrados entre arena quedaran los recuerdos: olvidalos.

Estúpida razón, estúpidos cruces de camino que un día llegan y así se van.

¿Porque turbar la superficie del agua?...si mi imagen estaba ya tan clara ya.

Mi presente es lo que soy, lo que he decidido y conseguido.

Asi que déjenme aqui, solo déjenme en paz y no pregunten, ni digan más,

abandonen mi camino, que lo he decidido: ya no miraré hacía atrás.





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Nada especial, sólo un texto muy viejo, que vale más que salga a la luz. Tal vez sea el comienzo de una historia o merezca un...re-make jaja, ¿quien sabe?

lunes, 26 de marzo de 2012

Perdido y encontrado.

Consultó su reloj una vez más: las ocho de la mañana en punto, ya estaba totalmente listo para salir, o lo estaría de no ser porque una vez más había perdido sus llaves, así que después de un rato buscando sin éxito, decidió rendirse y echar mano de las llaves extra que guardaba en su recámara.
Antes de salir dejó un plato de comida lista para Führer, su viejo gato que no había regresado desde la noche anterior y eso era más que raro pues aquel animal era aún más puntual que su propio dueño, en especial cuando se trataba de comida, pero no podía hacer mucho en aquel momento, así que supuso que regresaría.
Cuando se dirigía a la salida echó una mirada a la recámara contigua a la suya, se había pasado las ultimas semanas tratando de adecuar aquel cuarto para su hija que vendría de visita los fines de semana y Alex quería hacerle sentir lo más cómoda posible; los resultados eran notables, tan sólo hacía falta algún mueble o adorno, pero ya pensaría en eso luego.
Apenas se había alejado tres casas de la suya, cuando se dio cuenta que uno de sus vecinos tenía una venta de jardín. Como Alex no tenía prisa alguna, decidió echar un vistazo por si había algo que ocupara, tal vez un corbatero, o alguna cháchara para colgar o guardar sus llaves; pero de pronto notó entre todas las cosas que había una vieja cajonera algo arruinada, aún así llamaba mucho su atención, tal vez era por la tapadera de mármol que coronaba su único cajón.
Después de un momento decidió ceder a la atracción magnética que no le permitía desviar la atención de aquel mueble, así que lo compró muy barato debido a su estado deteriorado.

Esa tarde Alex contempló un momento el mueble y tomó una decisión rápida, lo trasladó a la habitación de su hija para colocarlo junto a su cama. Se alejó lentamente intentando tener una mejor vista del conjunto y le gustó el resultado, tan solo necesitaba arreglarle unos detalles y quedaría bien, incluso le daba la sensación que el mueble… ¿se restauraba?...“imposible” pensó mientras se acercaba a él. Recordaba muy bien que el cajón estaba roto y no se sostenía bien, pero al abrirlo no sólo se movía perfectamente, sino que en el interior encontró sus llaves perdidas.
-¿Pero cómo…?- Dijo sumamente extrañado, aquello no tenía mucho sentido y cualquier explicación era poco probable, pero decidió no darle mucha importancia
El teléfono le despertó de su trance, era del trabajo, así que tomó sus llaves y se fue a prisa.

Aquella semana Alex tenía tanto trabajo encima que se había olvidado totalmente de la recién adquirida cajonera. Acababa de terminar la primera carga de trabajo y aún tenía que terminar otras dos, pero tenía un problema: había escrito el numero de teléfono de su cliente en una servilleta y debía reportarse con el en menos de una hora. Había buscado en el auto, entre su ropa, en casi toda la casa, incluso había regresado a su oficina: nada. Por inercia comenzó a buscar en la alacena, en el baño, en cada una de las cajoneras de su casa, incluso en aquella que había comprado para su hija: ahí estaba la servilleta con el número de su cliente.
Alex la observó en silencio, sus ojos no parpadeaban, pero su mente trabajaba con ahínco tratando de entender como diablos había llegado ahí.
Cerró la cajonera y llamó a su cliente, después regreso al cuarto de su hija y se sentó en la cama observando con detenimiento el mueble, ¿estaba tan estresado que comenzaba a alucinar? Decidió entonces hacer una prueba.
-¿Dónde habré dejado mi bolígrafo?- Dijo en voz alta pero sólo el reloj despertador le respondió con un firme tic tac. Abrió el cajón para encontrar su bolígrafo personalizado y revestido de oro con su nombre escrito en él, se lo habían obsequiado en el trabajo cuando consiguió su primer ascenso. Trago saliva.
-Quiero…una cerveza bien fría…-abrió la cajonera: no había nada- bueno…al menos ahora sé lo que no eres…que tal… ¿diez dólares? Una vez más abrió la gaveta: nada.

-Entiendo…-la verdad no entendía del todo, así que decidió seguir experimentando, estaba demasiado emocionado- …una difícil...algo que perdí cuando tenía diecisiete años…-Alex visualizó sus calcetines favoritos en esa época, eran originales de la marca de su jugador de fútbol americano favorito, los había considerado su amuleto de la suerte durante toda la escuela y su madre le había bordado sus iniciales, la última vez que los usó había sido durante un partido, se los quitó para ducharse y después de eso sólo encontró uno, busco el otro pero fue inútil. Esa sería la prueba definitiva de que no estaba enloqueciendo.
Abrió aquel cajón de mármol desgastado y halló aquello que tanto había deseado encontrar: un calcetín maloliente. Lo tomó con cuidado, le temblaba un poco la mano por la emoción contenida, era el mismo no había error alguno.

-¡Ja!- No podía dejar de contemplar aquel calcetín, era incríeble, la gaveta poseía alguna especie de magia que encontraba cualquier cosa que hubiera perdido, "tal vez hasta pudiera encontrar a Fuhrer", pensó riendo de sí mismo ante tal idea.
De pronto  se escucharon desesperados rasguños dentro del mueble, algo se revolvía el interior del cajón haciendo mucho ruido, después un maullido suplicante…
Sobresaltado, lo abrió rápidamente para encontrar a su viejo gato grisáceo.
-¡Fuhrer! ¿Pero que…?-El gato bufó ofendido y saltó del cajón para luego correr fuera de la recamara con el abundante pelo totalmente erizado.

Los siguientes tres días Alex se dedicó a experimentar con la cajonera mágica, acumulando cada vez más cosas en el cuarto de su hija: joyas, papeles, fotografías, pelotas, zapatos, monedas o billetes perdidos a lo largo de su vida, también playeras, juguetes de su infancia y de Fuhrer, no podía parar. Sin embargo después de un rato, comenzó a notar que el mueble se veía cada vez más deteriorado, el cajón comenzaba a caerse y la manija se había aflojado, así mismo la madera parecía crujir con solo tocarla.
Rápidamente salió de la recámara en busca de sus herramientas de carpintería, pero de pronto recordó algo, ¡su hija! ¿Cómo es posible que lo olvidara?, se supone que debía ir a recibirla en media hora al aeropuerto internacional. Tomó una bolsa de basura grande y metió ahí todas las cosas que había recuperado del cajón, luego agarró sus llaves y salió a prisa en busca de su hija.

Tres horas después una cansada Bethany de dieciseis años llegó a casa de su padre.
-¡Ah! Al fin, vaya la casa no ha cambiado nada de nada.
-¿Te parece?, échale un vistazo a tu recámara- Dijo su padre mientras la acompañaba a su habitación para dejar ahí sus maletas.
-¡Genial!, ¿de verdad es mi cuarto?, se ve tan diferente, me gusta…uh…pero papá…ese mueble…
Inmediatamente Alex recordó la cajonera que había quedado en tan mal estado después de tanto usarla.
-Oh, eso disculpa hija, luego me acompañaras a comprar una nueva ¿vale?
-¿Bromeas? ¡Me encanta!, es tan elegante y tan linda.
Alex arqueó una ceja y miró en dirección al mueble, una vez más esta parecía como nueva.
-Hum…bueno, me alegra que te guste…-dijo mientras se acercaba al mueble con cautela pensando en el primer celular que tuvo y que se había perdido, luego abrió el cajón: nada. Hizo 5 intentos seguidos con cosas que había perdido alguna vez: nada.
Bethany miró extrañada a su padre mientras este abría y cerraba la cajonera una y otra vez con el entrecejo fruncido.
-¿Papá?- Alex reaccionó de pronto mirando a su hija un momento.
-Eh…si, sólo me aseguraba…si funciona bien...todo en orden, te dejo para que te acomodes.
-Gracias papá- Bethany le sonrió con agradecimiento y asintió.
Una vez fuera de la recámara, Alex comenzó a preparar la cena, pensando en aquella cajonera y lo que había pasado esos últimos tres días, tal vez, sólo tal vez había alucinado todo aquello, ¿o no?

-¡Papá! ¿Has visto mi cepillo…?...oh, olvídalo, ya lo encontré...



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Pues bien, este ha sido el ejercicio del més de Marzo y mi segunda participación en el grupo, se repartieron frases al azar y a mi me tocó la frase:
"
Abrió aquel cajón de mármol desgastado y halló aquello que tanto había deseado encontrar: un calcetín maloliente." 
La tarea, como podrán adivinar era incluir esa frase en nuestro relato jejeje ha sido divertido aunque debo admitir que lo escribi con mucha prisa y pocas ideas, debo agradecer a mi novio por darme tantos consejos y sugerencias, fué una gran ayuda.
Y bueno, espero les haya gustado, muchas gracias por sus comentarios.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Con locura


Era una sensación terrible, sus labios temblaban, desde el fondo se desangraba, y a medida que caía el helado viento invernal se colaba por cada poro invadiendo su lánguido cuerpo, atravesándolo de lado a lado, congelando cada fibra de su ser hasta tocar su alma.
Estaba perdida, atrapada, desolada con un dolor que parecía no terminar, probablemente tampoco tendría solución. Era imposible abrir los ojos y su voz permanecía atorada en su pecho tratando de encontrar desesperadamente la salida para liberarse en un desgarrador grito. Si no reaccionaba pronto se quebraría, se rompería como porcelana o tal vez explotaría, no sabia como, pero de alguna manera se sentía morir, ¿era posible morir por la intensidad de aquellos sentimientos?
No, no podía ser posible, ¿cómo es que antes sentía llenarse por dentro?, pero en aquel momento se vaciaba de golpe, todo estaba desapareciendo, todo se rompía, se estaba quedando sin nada, y eso no lo soportaba.
¡Mátame...!”, gritaban en silencio sus ya pálidos labios... ”¡Mátame ahora...!


Y él, en su enfermiza pasión, le miraba inmóvil a distancia, inundado en lágrimas sin hacer nada, pues en silencio amaba contemplarla en tan terrible tormento.
Había renunciado en trata de entender, ¿porque le fascinaba tanto verle así?, estaba seguro de amarla, había arriesgado su vida para salvarla, le había dedicado toda su existencia hasta aquel momento, la había protegido de todo mal y le dolía verle así, sin embargo un enorme placer invadía su ser pues en aquel momento le parecía tan bella, tan perfecta: ese dolor combinaba a la perfección con su hermoso ser, era solo lo que merecía e ignoraba el porqué, pero era como la pieza de un rompecabezas simplemente el dolor encajaba en ella.
Ahora sólo disfrutaba, y saboreaba el momento. Era perfecta ahogándose en sufrimiento y es que la amaba, la amaba con locura.


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Muy pocas veces he experimentado un dolor como el de ella, solo me pasa cuando dañan a alguien de mi familia, se siente horrible. Tal vez exagero al sentirme así, pero es espontáneo, probablemente lo mejor sería meterme a bañar con agua fría para no quedar en estado de shock o causarme un derrame cerebral, jo~
Amo a mi familia, es el regalo más hermoso que la vida me ha dado.

En fin, orienté este escrito pensando en un fanático, de alguna estrella de cine o artista, de esos que terminan matando o lastimando al objeto de su adoración. Y es que lastimosamente, en la historia hay muchos casos famosos de grandes estrellas o famosos asesinados o atacados por sus intensos fanáticos.
¿De cuales se acuerdan?

miércoles, 22 de febrero de 2012

Inherente

Bueno aquí va mi primera participación en "Adictos a la escritura" para el mes de Febrero, espero sea de su agrado, bienvenidos sean los comentarios y críticas :)

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"El amor no es ciego, es retrasado mental"
Esta frase figuraba en el margen de sus apuntes escolares con una tinta roja y bien remarcada; Sara no recordaba donde la había escuchado por primera vez, pero nunca había estado tan de acuerdo como en aquel momento. No tenía idea de porque se sentía de aquella manera, jamás había experimentado algo como aquello y odiaba ese sentimiento pues no lo entendía y algo que detestaba aún más era no entender las cosas, no tener el control de la situación. ¿Y quien tendría la culpa?, ¡claramente ella no!...nunca había buscado sentirse así, simplemente sucedió, tal vez el culpable era él... aquel chico torpe de cabello rizado y semblante ausente, sí, de alguna forma debía ser culpa de Jonatan, él y su estúpida sonrisa encantadora tenían la culpa de todos sus pesares.

Mientras tanto Cupido -como le llamaban desde que tenía memoria- reía y revoloteaba con su pequeño, etéreo y luminiscente ser desde el interior de los cristalinos ojos marrones de su anfitriona.
Sentía una gran satisfacción mientras releía aquella frase escarlata, y no era que estuviera de acuerdo con ella, es que era una señal muy clara de que había ganado la primera batalla: Sara comenzaba a sentir (sufrir, según ella) los primeros efectos del amor.
Aquella victoria era un alivio pues la mente de la joven de 18 años era un lugar sumamente cómodo y prometedor, había sufrido tantos fallos y decepciones en otras mentes, sin embargo algo que caracterizaba a Cupido era su natural y refrescante fé en el mañana, siempre dispuesto a encontrar lo que busca con tanto ahínco: su verdadero hogar.
Así pues, desde el momento en que conoció a Sara supo que era especial, tenía tanto potencial, y lo que más le llamaba la atención: parecía tan perdida como él, a ambos les hacía falta algo importante. Es por eso que esta vez estaba decidido a proceder con calma y gran cautela; pese a haber conseguido su primer objetivo sabía que no podía bajar la guardia, así que decidió recorrer cada rincón de la mente de Sara para conocerle mejor, descubriendo así que la joven no creía en el amor. ¡Ya se encargaría de enseñarle!

Cuando comenzó a pasear por sus recuerdos se llevó una gran sorpresa al ver lo parecidas que habían sido sus vidas, ninguno conoció familia o amigos, desconocían su propio origen, estaban solos y hasta aquel momento habían sobrevivido por sus propios medios.
Sara estuvo toda su niñez y gran parte de su adolescencia en un orfanato, nunca supo algo acerca de sus padres y jamas fué adoptada. Cupido así mismo no tenía idea de donde venía o quien era, pero estaba convencido de que pertenecía a algún sitio y que su papel en el mundo de alguna manera era importante, así que se dedicó fervientemente a explorar de mente en mente descubriendo poco a poco acerca de sus talentos y de su misión. Hasta aquel momento tenía claro que poseía la habilidad de introducirse en el cuerpo de las personas como lo haría un microbio, sabía que era energía pura y aunque no tenía muy clara su misión, esta parecía ser provocar aquello que las personas llaman: amor.

Siguió entonces explorando el maravilloso ser de Sara cuando de pronto descubrió un rincón vacío, ¡que terrible! él había explorado tantos seres y aquello no tenía precedentes: como si algo hubiera sido arrancado de ahí, cuando se aventuró en aquel pedazo vacío una increíble sensación de felicidad le invadió, ahora todo era claro y tenía sentido: él era parte esencial e inherente de Sara, había nacido ahí pero se había perdido durante su infancia cuando la pequeña había sido abandonada, por eso no podía quedarse dentro de nadie que no fuese ella, formaban parte uno del otro, eran uno mismo, y él no provocaba el amor: él era el amor y por fín había encontrado su verdadero hogar, ahora ya no estaba tan solo.
Llegó el 14 de febrero, uno lleno de chocolates, regalos y coloridos globos, y Cupido se hallaba contemplando aquel paisaje amoroso desde las ventanas del alma de su Sara, pero entonces  Jonatan comenzó a caminar hacía ellos con un paquete rojo en sus manos y una sonrisa tímida pero una mirada decidida, fué entonces que pudo apreciar por primera vez en los ojos azules de aquel chico una preciosa presencia luminiscente muy familiar, y entendió que ni él ni Sara estaban solos, y es que en realidad nunca lo habían estado.

viernes, 3 de febrero de 2012

Me perdí

Mi espíritu azul se perdió,
se perdió entre tu sonrisa de sol
y tu suave mirada de luna.
Se perdió en tu mar de sentires,
y en la profundidad de cada pensar .

Mi fuego se apaciguó
ante tu alma de viento
y tu canción de nubes,
Mi ser se fundió a través de ti
con lo desconocido, lo invisible
que en realidad, siempre estuvo ahi.

Me perdí, inevitablemente me perdí,
y comence a desear llegar a tí,
hasta que un día tu mirada descendió,
iluminando mi sendero ensombrecido,
y así fue como me encontré, al encontrarte a ti. 


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Un texto dedicado a mi pareja, de verdad mi compañero, mejor amigo y por más cursi que parezca: mi amor. Llevamos juntos 5 años y casi 3 meses de novios, y estoy deleitada con nuestra historia desde sus origines hasta el día de hoy, asi que cada palabra es cierta.
A él, a Cristian: gracias por tanto.

sábado, 28 de enero de 2012

De rebeliones y revoluciones: ¡Firmes!

Todo era suave y lleno de luz, un adorable y cálido resplandor la abrazaba, y no lastimaba ni dolía, y ahí estaba toda la gente que amaba, riendo y abrazandose entre sí. Pero de pronto una terrible neblina llegó, y todo yacía hundido en oscuro silencio, apenas el viento se escuchaba golpeteando los cristales de su cuarto y mientras ella se revolvía entre las sabanas extrañas imágenes invadían sus sueños, se sentía tan desorientada y aunque no tenía miedo, una gran desesperación le embargaba pues sabía que no podría huir, sus pies se hundían rápidamente en el suelo y algo grande se acercaba, la iba a devorar, abrió sus fauces y...

-¡¡¡EEEEEEEEY!!! ¡¡¡DESPIERTAAAA!!!! ¡¡¡¡DORMILOONAA!!!
Una pequeña criatura entro azotando una vieja sartén de latón con un cucharon mientras giraba en círculos gritando.

Dalia se despertó con los nervios alterados por lo que se levantó bruscamente olvidando que dormía en el colchón inferior de una litera y golpeándose por lo tanto la cabeza con la base metálica del colchón superior.
-... ¡Awch!... ¡SOFÍA!... ¡maldición!
-¡Exclamó la dulce princesa! - Lía, la hermana mediana, se asomó desde el colchón superior mirándolas a ambas con una sonrisa burlona, llevaba puestos sus audífonos y tenia ojeras muy remarcadas.
Dalia paso su mirada de Lía a Sofía entrecerrando un ojo y sobándose la cabeza con ambas manos. La pequeña que interrumpió su sueño le miró sonriente e inocente, después bajó la sartén y la señaló con el cucharon.
-Es que tu alarma no sirve, ¡se fue la luz!, ¿ves? - Sofía señaló la alarma electrónica de su hermana y luego se cruzó de brazos sonriendo como una verdadera sabionda. - Por eso papá te dijo que compraras uno de baterías.
-De acuerdo…gracias Sofía, pero, ¿no pudiste ser más amable para despertarme?
La niña miro a su hermana mayor extrañada.
-¡Pero si tu alarma suena igual!
-Oh…-Pensándolo detenidamente era cierto, aquella alarma que no funcionaba sin energía eléctrica era terriblemente ruidosa, sonaba justo igual a aquella sartén y el cucharon, o tal vez peor -Bueno, tal vez tengas razón pero…
Una voz masculina se escucho desde la cocina interrumpiendo a la hermana mayor.
-¡Sofía!, ¿qué te he dicho de jugar con los utensilios de cocina?
Sofía abrió los ojos alarmada y salió corriendo de la recámara con la sartén y el cucharon mientras reía estruendosamente.
-Esa niña tiene demasiada energía…-Lía miró a la puerta con una sonrisa ladeada mientras su hermana menor hacía su animada salida.
-Si… ¿Qué hora es Lía? - Con un bostezo se sentó en la cama un poco más despabilada, estirando sus brazos y bajando sus pies desnudos al frío suelo.
-Falta un cuarto de hora para las cuatro de la mañana – Contesto Lía consultando su reloj de muñeca, un modelo digital bastante sencillo que había comprado en un tianguis precisamente debido a los múltiples apagones que sucedían desde los primeros bombardeos.
-Ay…es demasiado temprano, ¿Qué hace ella despierta a esta hora?, y también papá…y tu…
Lía la miró arqueando una ceja.
-Realmente tienes el sueño pesado hermana.
-¿Qué quieres decir?
-Guerrilleros, toda la noche se lanzaron granadas y pelearon con los militares. Dicen en la radio que se llevaron a Federico…
-Oh… ¿otra vez?...realmente no escuche nada…
Lía se encogió de hombros y asintió.
-Pero nada evitará que mañana entremos a la escuela, ¿eh?...-Resopló al tiempo que se quitaba los audífonos y comenzaba a enrollarlos cuidadosamente.
-A menos que la destruyan en un bombardeo...-Dijo Dalia mientras buscaba distraídamente sus pantuflas.
Lía cruzó los dedos y guiñó un ojo burlescamente.
-Solo esperemos no estar en ella cuando pase.
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No estoy muy segura de donde salió este escrito, pero si puedo decir que antes de empezar a escribirlo estaba muy acongojada y preocupada por el asunto del narcotráfico y la guerra de Calderón en México, me preguntaba que futuro vendría, si las cosas mejorarían o empeorarían, y se me ocurrió una posible guerra civil tal vez o que las cosas empeorarían de un momento a otro.
También fue influenciado por la noticia de aquella balacera que sucedió cerca de una escuela al sur de la república, no recuerdo muchos detalles pues ya hace un par de años que sucedió, pero estos problemas ocupaban gran parte de mi mente y supongo que fue una forma de expresar mis sentimientos y pensamientos, tal vez esta sea la introducción de una historia, por ahora no me he animado a continuarla, pero espero les guste :)

martes, 24 de enero de 2012

Las puertas


Años atrás, mientras vivía en Campeche, me encontre con que, sin importar el tiempo que llevará residiendo en aquel tradicional estado, nunca me acostumbraria al calor, y cada año parece empeorar. Fue en una de mis incursiones buscando la escuela de música que me encontré con este maravilloso lugar, se trata de un café cultural llamado "Las Puertas". Y no se si fue por las circunstancias extenuantes con las que lo encontre, pero me lleve una excelente impresión del lugar, por lo que el escrito dedicado a esta primera experiencia es totalmente sincera de acuerdo a lo que sentí aquella vez, en aquel momento.
Si algún dia visitan mi querido estado, dense una vuelta, no se arrepentirán :)
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Insoportable calor bajo un aplastante sol, no logro toparme con alguna piadosa y fresca brisa, parece que estoy perdida en un inmenso y mortal desierto; deseo fervientemente encontrar alguna fuente refrescante de frío y a la vez acogedora calidez, y que mis palabras no te confundan, busco algo parecido a mi verdadero hogar…
Y en fin…camino, y camino con solitario y cansado ritmo, no hallo en las cercanías la posibilidad de descanso a mis fatigadas mente y alma, y poco a poco parece abandonarme la huidiza esperanza; de pronto diviso una puerta que a simple viste luce simple, vieja y descolorida, pero, por algún motivo parece brillar de entre las demás, y es cuando me percato: arriba un letrero casi igual de viejo, se anuncia con peculiar caligrafía el nombre de tan singular recinto “Las Puertas”.
Se encuentra abierta, y a pesar de lo poco alentadora que luce a simple vista, la curiosidad se vuelve mi único escape al infernal y húmedo calor que asciende cruel desde el asfalto…
Camino lento y aún así levanto polvo a mi paso hasta que por fin alcanzo mi destino…
¡Que me parta un rayo!, ¿Qué es esto?, ¿de dónde ha salido?, ¿es real?, es como entrar al país de las maravillas, si, y ese pequeño umbral ha sido como cruzar la madriguera del conejo, transportándome de una dimensión a otra.
A mis oídos llega una melodía de voces muy entonadas y suaves, potentes y embriagadoras, aumentando con ellas el ambiente místico que se respira al entrar. A causa de esta delicia sonora y el aire fresco que comienza a envolverme, un tenue escalofrío de placer recorre mi columna, erizando los diminutos vellos en la piel de mi nuca y brazos. Y a partir de este momento, no hay marcha atrás (como si lo quisiera).
Parece un local viejo, de una decoración alucinante: pinturas y frescos, todos llenos de gente expresando diferentes sentimientos que contrastan unos con otros de manera algo desconcertante, y cada fresco, con su respectivo sentimiento, se halla separado uno de otro por una pequeña puerta y un espejo colgado, que lucen cuales obras de arte que piden con ahínco contar sus historias: y es aquella bella armonía precisamente lo que siento que aligera mi cansancio, me hipnotiza y me hace olvidar lo demás, si, me olvido del calor que se queda a mis espaldas ondeando furioso su etérea presencia del otro lado del umbral mágico.
Una mano fresca pero segura toca mi hombro, y me dirige con lentitud a una mesa, una simpática mesa de madera con dibujos y formas célticas típicas: volutas enredadas, curvas y más importante aún, infinitas, la silla, del mismo material parece dura a la vista pero encuentro con grata sorpresa lo suave y cómoda que es.
Me acercan una clase de pergamino protegido en plásticos lisos, no estoy segura que le digo a aquel gentil caballero que me habla, pero se retira con una gran sonrisa, llevándose consigo, el curioso pergamino.
Yo sigo embelesada observando el decorado: en un extremo hay un altar, con muchas figuras religiosas, de distintas doctrinas y creencias, un buda saluda a una virgen, que a su vez acerca una mano amistosa a una bella mujer desnuda y de pie sobre una concha, esta es resguardada por un esqueleto cubierto con un manto negro quien baja amablemente su guadaña con mucho respeto ante un hombre de largas barbas y mirada piadosa, todos se hallan a la misma altura como iguales, compartiendo alegría y paz; y lo más bello de este curioso altar, es la única figura que se halla por encima de todas: la figura de un hombre y una mujer, tomando sus manos, desnudos y sonrientes, inocentes y en armonía…¡qué golpe!...te da mucho que pensar ¿no?.
Debajo de este simbólico altar, un letrero con caligrafía bien redonda y clara pone: “Léenos” y ahí mismo, unos centímetros abajo, una vasta y tentadora colección de libros se exhibe sin decoro, esperando ser vista y consultada por algún visitante.
Luego, levanto la mirada, el cuadro que se ubica por encima de mí, es una escena extraña de tres mujeres indígenas, caminando entre gigantes cestos de flores y frutas, un cuadro de colores sobrios, con una peculiaridad que me hace sonreír: en sus espaldas llevan magníficas y coloridas, casi chillonas alas de mariposa, dos se encuentran de espaldas y una hincada observando el piso y tomando una sencilla pero bella flor entre sus manos.
En otro cuadro se ve un cuerpo humano, sosteniendo frente a su pecho y entre sus manos, su propia cabeza; y en vez de la cabeza sobre el cuello, una exótica fruta rosada y brillante permanece bien puesta, como si aquel fuese su lugar.
En otro muro hay un extraño trébol de cuatro hojas, lo observo detenidamente desde mi lugar, mientras una bebida extraña aparece frente a mí, me percato de ella; la examino, la huelo y la pruebo; de inmediato, siento mi cuerpo revivir, aunque mi mente y alma se hallaban ya bien despiertas: desde el momento en que entre. Lentamente bebo aquel extraño elixir mientras observo detenidamente cada cuadro que me transportan a diferentes historias.
Pronto me pierdo, entre un delicioso, frío y dulce sabor, una ligera y potente melodía, un espectáculo visual con explosiones coloridas de conceptos nuevos y viejos, combinados y casi palpables, también me inunda un agradable y refrescante olor a café.
Aquí la mente vuela y brilla, aquí lo etéreo se transforma, y puedo saborearlo...
Entonces entiendo...


Estoy en casa.